Periódico Digital Independiente

Por la defensa y protección del anciano despojado
Separador
miércoles 22 de febrero de 2012
Separador
Lo que sigue es la segunda parte de las charlas que mantuvo Carlos Crosetto con su sobrino Hugo Lucchelli Bonadeo desde que el anciano llegó a Buenos Aires tras haber sido despojado de su campo. Crosetto falleció el 6 de enero pasado a los 91 años de edad sin haber podido cumplir su deseo de volver a su campo de La Puma, en La Pampa, tierra a la que sus ancestros llegaron en 1925.
Diálogos con Carlos Crosetto

I
¿Te acordás de Soleño?
–Sí, tío, fue el único músico que
conocí de chico en La Pampa.
–Era lindo Metileo.
.Te gustaba?
–Me parecía estar en un pueblo
del lejano oeste, solo faltaban los vaqueros…
–Anoche soñé con Soleño, estaba
Montanaro también. Soleño
me decía:”Hay que entrar de noche,
armamos una trinchera con bolsas
de trigo, una escopeta cada uno y no
entran más al campo”. Montanaro,
siempre serio, dijo: “Debemos ser lo
menos treinta, la policía puede mandar
unos quince” les dije; entre mi
viejo, mis tíos, mis primos, Picotto
y Manera somos unos cuantos…
“están los Dalmasso que son también
unos cuantos, dijo Soleño, yo
les aviso a Minetti y a los Barbero
que son cuatro; no hay que olvidarse
que Blanco está en tribunales, ya destruyó
todo en La Puma, ojo con eso
y ojo que el padre es jefe de policía.
¿Por qué creen que se animan a estas
estafas? ¡Por eso! dijo Montanaro.
¡Justo cuando estábamos apilando
las bolsas me desperté!
–Un lindo sueño, tío. ¡Qué lindo
sueño!
–Al menos no estaba solo, estaban
los compañeros conmigo. ¡La
puta! ¿Me lo devolverán al campo?


II
–¿Sabés? Si me devuelven el campo
antes que cumpla 86 años, voy a
plantar álamos. Unos doscientos álamos.
En cinco años estarán crecidos.
–Bien tío, y como vas a vivir cien
años, tendrás tiempo para tener un
nuevo monte.
–Sí, pero si me lo devuelven antes
de septiembre, para el trasplante.
–Por qué no tío, faltan cinco meses.
–Será la chacra de los álamos.
Hoy me levanté con el pálpito que me
devolverán el campo rápido. Bueno,
si no pienso así, me muero…
–Me parece hermoso que pienses
así tío, que tengas sueños de futuro.
–Espero que me dure todo el día,
no veo la hora de abrir la tranquera.
Será lo más lindo que me dará la vida.
Después de todo, los álamos son lindos
árboles y crecen rápido.


III
–Buen día tío.
–¿Llegaste recién?
–Sí, tío.
¿Cómo te fue? ¿Cómo está Pico?
–Bien. Saludos del doctor Nardillo.
–Gracias. ¿Qué te contó?
–En cuanto te lo diga comenzarán
tus puteadas…
–¡Hijos de puta! ¿Qué hicieron?
–¿Es una puteada a cuenta, tío?
–Y nada bueno ha de ser.
–El juez Tolosa cerró la causa. Ya
no podrás ampliar tu declaración, no
podrás contar cómo Alem (*) te cambió
la denuncia. Además, y tomátelo
con calma, Tolosa los sobreseyó a
todos.
–Dirás ¡qué viejo idiota! Pero
pensé que no había otra posibilidad
para que me devolvieran el campo
y lo echaran a Blanco. Sigo siendo el
viejo estúpido que se dejó robar.
–Las lágrimas del tío eran imparables,
trataba de secarlas con sus
manos pero brotaban y brotaban,
miraba al piso y seguía llorando.
–Nardillo va a apelar, tío…
¿Para qué? Tolosa es lo mismo
que Blanco. Entonces ¿para qué? Son
eso, por eso están allí.
–Te entiendo tío, lo lamento mucho,
mucho…
–Lo sé. Blanco me estafó, me robó
porque es un funcionario de los
tribunales de Pico. ¿Te das cuenta?
Para estar en los tribunales de Pico
tenés que ser eso, ladrón.
–Tío, no todos serán así.
¿No? Ahora el ingenuo sos vos.
Te contagié, tenés que curarte. Son
chorros, por eso están allí. ¿O te creés
que podrían hacer esto si no fueran
chorros. ¡Qué asco, carajo!
–Calmate tío, por favor, ellos
llenan papeles y palabras y palabras,
justifican lo injustificable…
–¿Vos te creés que los chacareros
somos tontos porque hablamos poco?
Te puedo nombrar a unos cuantos
paisanos de La Puma. Te podrías
pasar la vida con ellos y no dejarías
de aprender nunca. El lado flaco del
chacarero es la decencia, él cree que
la gente es buena, cree en la palabra.
¿Vos pensás que yo podía dudar de
lo que me hizo firmar Blanco? No,
era un vecino, un juez, que me venía
a decir que me salvaría el campo de
un remate. Vino a mi casa desde los
tribunales para decirme que me iban
a ayudar. Me hizo firmar y me estafó.
¿A vos te parece que soy un tonto?
–No tío, y sos una gran persona.
–Ellos no lo son. Por eso están
allí, en los tribunales de General Pico.
¡Hijos de puta!


IV
–Tío, ¿Te acordás de alguna otra
historia de La Puma?
–Son tantas, la vida es una historia.
–Aquella del suicidio de un vecino…
–Sí, el pobre Peppino. Estaba mal
de la cabeza. Se mató. Un vecino fue
a visitarlo y lo encontró muerto. El
hombre se fue hasta Metileo a avisar
a la policía. Estaban en la chacra el
comisario, los milicos y varios vecinos
cuando llegó tío Lorenzo y les
dijo: “Guarda con el mate”. Peppino
decía siempre: “cuando me vaya me
llevo por lo menos a diez”. El milico
quedó con el mate servido en la mano,
nadie quiso tomar. Revisaron la
yerba, había un polvito blanco: era
estricnina. Cuando llegaba Lorenzo
Crosetto a Metileo, decían: “este les
salvó la vida a más de una docena”. La
vieja Peppino, la madre del suicidado,
era una mujer muy corajuda. Una vez,
al viejo Peppino se le incendió el Ford
T. Venían de Metileo; el viejo se alejó
del auto por miedo a una explosión;
la vieja, con una botella que llevaba
en el auto comenzó a sacar agua de
una cuneta y apagó el fuego. Salvó el
Ford. Otra vez se les quedó el Ford
justo frente al boliche, no lo podían
hacer arrancar. La vieja le dijo a Peppino:
“¿No te habrán vendido nafta
usada?”.
–Linda historia tío.
–Estas historias, las de mi gente,
siempre las recuerdo. Te voy a contar.
¿Sabés que yo siempre las veo? No
son fantasmas y no estoy loco. Las
veo cuando paso por donde estaba el
boliche. Bueno, cuando pasaba veía
el boliche, el surtidor, los palenques,
los pingos, los Ford, las camionetas.
Veía a los tíos, a los primos, a los amigos,
a los compañeros del equipo de
fútbol de La Puma… ¡Pero los veo en
serio! Creo que solo vivimos Bertone
y yo. Estoy seguro que él también los
ve cuando pasa por donde estaba el
boliche. Muertos nosotros, se morirán
ellos también. Lástima que no
puedo pasar ahora… cuando pasaba
y los veía, estaban más vivos, se los
notaba contentos, se reían…
–Bueno tío, un día podemos pasar
por donde estaba el boliche, vamos
con el coche, con Daniel. Nos
vamos a La Pampa.
–¿Podemos ir?
–Sí tío, podemos.
–Sería lindo. Por ahí me muero allí
mismo. Algún día me tengo que morir.
Sería lindo morirse allí, en el pasto.


V
–Te voy a contar una historia de
La Pampa.
–¿Vos a mi?
–Sí tío, y de Metileo.
–¿De cuándo?
–De hace unos meses.
–Dale, contá.
–El intendente de Metileo, un tal
López, anunció la compra de una trafic
destinada al traslado de estudiantes
de Metileo a General Pico. Sería
entregada por el gobernador Verna
en un acto público. El acto se llevó
a cabo, Verna cortó la cinta, entregó
la trafic y todos aplaudieron. Unos
periodistas que asistieron al acto comenzaron
a sospechar… la trafic se
presentaba como una cero kilómetro
y tenía la chapa oxidada junto al
guardabarros trasero. Se acercaron
al vehículo, tenía huellas de calcomanías.
Comenzaron a investigar
y descubrieron que pertenecía a un
vecino de Speluzzi. El vecino, llamado
Daniel Moscardi, les contó que el
intendente se la había pedido para el
acto. ¿Te gustó la historia?
–Si no querés compararla con las
mías, puede ser…
–¿Las tuyas son más lindas?
–Las mías son historias de gente
común, honrada. La tuya es una historia
de ladrones, de chorros que se
ríen del pueblo ¡hijos de puta! Cada
día esto es peor.
–No te enojes, tío.
–Cómo no me voy a enojar, fijate,
Verna ya enganchó a uno más; este
López ya es un buen alumno, otro
sinvergüenza. ¡No me cuentes más
historias mafiosas! Ya estoy yo metido
en una con los que me robaron
el campo. ¿Cómo no me voy a enojar,
carajo!
(*) Alem era subcomisario en la Seccional Tercera
de Pico, ante quien Crosetto hizo una declaración
testimonial. El anciano firmó una declaración totalmente
distinta a la que le había recibido Alem.
Según reveló Crosetto en su momento, lo que le hicieron
firmar había sido preparado ant
Por Periódico Lumbre
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